domingo, 4 de mayo de 2008

Policías y ladrones


Cuando era niño, mis amigos Juanma, Felipe, algún vecino más y yo, a lo que más nos gustaba jugar era a «policías y ladrones», era uno de nuestros juegos preferidos, además del de ir a robar manzanas a la huerta de la señora Justa o poner 'chapas' en la vía del tren. Todos queríamos ser policías, y el rol de ladrón había que echarlo a suertes. Si te tocaba, luego no era tan malo, en cuanto te acostumbrabas tenía sus ventajas; el ladrón iba con la cara tapada para cometer sus fechorías y eso te daba una cierta impunidad, era una sensación extraña, algo así como saber que estabas cometiendo un pecado pero que luego no tenías que ir a confesártelo (en «aquel entonces» los niños nos confesábamos todos los pecados, no sé cómo andará ahora ese tema). Así que los policías, o sea, «los buenos», iban con la cara descubierta y perseguían a los ladrones, o sea, «los malos» que iban con la cara tapada. Esto lo habíamos copiado de las películas de indios y vaqueros, donde los cuatreros iban con la cara tapada y en cambio al sheriff le bastaba con llevar su estrella en el pecho para imponer la ley; bueno, la estrella y un par de revólveres relucientes. Por eso, ahora cuando veo a los ladrones y asesinos a cara descubierta y que los que van con el pasamontañas son los policías, no deja de asombrarme, por no decir otra palabra más gruesa. En muchos casos «los malos» salen, no ya a cara descubierta, sino con chulería, algo así como si fueran artistas de cine y estuvieran siendo aclamados por sus fans, y no saludan brazos en alto, tipo campeón olímpico en el podium, porque van esposados, pero todo se andará. A su lado «los buenos» van con la cara tapada, dicen que por seguridad. ¿Dios mío! Cuánto ha cambiado esto desde que yo era niño. Parece que «los buenos» tienen que esconderse de «los malos» y además llevar la cara tapada, o sea, el «juego» al revés.
También cuando veo a los «asesinos del norte» custodiados por la Guardia Civil, y que ésta tiene que llevar un pasamontañas, y en cambio ellos van con «la cabeza levantada» como si fueran unos héroes, lo primero que me viene a la memoria es la figura del duque de Ahumada, su fundador, y qué pensaría él de todo esto. Después, me entra una sensación extraña entre rabia e impotencia, que me revuelve las tripas.
Y, ¿qué me dicen de lo que está pasando en Madrid con los menores delincuentes? Antes, si un guardia veía a un niño por la calle en horas de colegio le daba una reprimenda y le acompañaba hasta el colegio donde había hecho novillos. Ahora los pillan robando en plena calle y no pueden ni registrarles, tienen que acompañarlos a comisaría y entregárselos a sus padres, «sin más». En muchos de los casos, como relataba un compatriota suyo en un programa de televisión, de estos niños de origen rumano en su mayoría, son los padres los inductores de los robos.
O cómo bandas organizadas de ciudadanos del Este de Europa se dedican a campar a sus anchas por chalets y casas particulares; no sé si está bien aplicada la palabra de ciudadanos en este caso. Y el caso de ese ciudadano que se defendió del asalto de su casa con armas de fuego, aquí sí creo que empleo bien la palabra ciudadano, y que luego la familia del asaltante que además estaba ilegalmente en España, lo denunció por violencia o algo así. A los ciudadanos normales nos está empezando a parecer que las leyes protegen a los «malos» en vez de a los «buenos».
Y para terminar esta historia de «buenos» y «malos», el reciente caso del «animal irracional», a éste sí que no le voy a llamar ciudadano, que apaleó a una muchacha de quince años en un tren de Cataluña. Hace cuarenta años hubiese abandonado el vagón inmediatamente, pero por la ventanilla y en marcha. Nadie se atrevió a defender a la muchacha, y no les culpo, ya saben ustedes lo que le pasó hace poco a ese muchacho que salió en defensa de otra joven, pues que lo mataron a navajazos. Así que, a la gente normal, que vemos que la policía va con la cara tapada, ya me dirán las ganas que nos entran de ser héroes. Igual, además, de que en el mejor de los casos te «ahostien», luego te trincan por violento, porque la actuación de la jueza encargada del caso catalán no me cabe ninguna duda de que se ajustaba a derecho y todo lo que usted quiera, pero a la lógica no se ajustaba ni por asomo. Y para colmo de males, el susodicho «irracional» se ha convertido en una estrella mediática, que cobra de los medios de comunicación (perdón, de algunos medios) por contar su hazaña.
En fin, amigos polis, guardias y beneméritos, vosotros seguid haciendo vuestro trabajo lo mejor que sepáis, podáis y os dejen, que no os hacéis ni idea de lo agradecidos que os estamos los «animales racionales», o sea, los ciudadanos normales.
Eustaquio Uzqueda

Publicado en LA TRIBUNA DE LA RIOJA, Periódico La Rioja, 16.11.07